Verano: ¿Desconexión completa?

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Durante las vacaciones de verano es común plantearse si debemos seguir fomentando el aprendizaje en los niños, continuar con su formación pese a no tener que acudir a la escuela. Desde Docentes Decente, os dejamos nuestro punto de vista y ofrecemos algunos consejos para que el verano no sea solo inolvidable, sino productivo. 

Últimos días de junio…Adiós al cole. ¿Qué hacemos? ¿Realmente los niños “desaprenden” durante las vacaciones de verano? ¡No! Los niños no “resetean” así como así. Si bien es cierto que algunos conocimientos pueden ser olvidados o hechos a un lado, seguramente con el comienzo de la dinámica escolar todo vuelva a su sitio. 

Los cursos de verano

Estos cursos son una excelente opción si queremos que los pequeños estudiantes continúen con cierta rutina durante, al menos, unos días en verano. Normalmente la duración de estos cursos es de una quincena, pudiendo acudir varias si así lo desean tanto los padres como los niños. Habéis leído bien: Los niños también deben sentirse a gusto y participar de la decisión de acudir a esos cursos de verano. No se trata de plantear estos cursos como una obligación, ni dejar totalmente la decisión en manos del niño, pero sí encontrar un punto medio en el que nos aseguremos que el protagonista disfrutará durante la experiencia.

El horario de los cursos de verano es normalmente de 9 de la mañana a 14 de la tarde. En muchos de ellos se ofrece la posibilidad de comer en las propias instalaciones. Pese a la situación sanitaria actual, los centros organizadores han adaptado tanto las actividades como los espacios para cumplir con los requisitos necesarios. Así, todas las medidas les han permitido continuar con su actividad sin poner en riesgo la salud de los más pequeños.

Nuestros consejos

Lo tienes claro: Tus niños continuarán su formación durante las vacaciones de verano. Ahora bien, ¿cómo? Expertos como Covadonga Ruiz de Miguel afirman que lo ideal sería dedicar un 10% a realizar actividades académicas. “Bastaría con ponerle un poco de lectura, actividades instrumentales de lengua y matemáticas", propone.

Nuestra experiencia nos reporta lo importante que es organizar rutinas coherentes y flexibles, tanto en invierno como en verano. Así, podemos incluir de forma fácil actividades didácticas a lo largo del día sin que el niño lo perciba como un momento de estudio, y por tanto, aburrido. Leer unos minutos al día, hacer algunas sumas antes de ir a la piscina, repasar inglés con música o sus dibujos preferidos, son solo algunas opciones. Además, seguimos haciendo hincapié en la presencia del microlearning en cualquier época del año. Si quieres conocer qué significa este término echa un vistazo a nuestro artículo.

Por otra parte, aprender también es experimentar, descubrir y expresar. Ir al pueblo a ver animales en libertad, observar el comportamiento de los peces, el vuelo de las aves… Estas actividades rompen tajantemente con la rutina escolar y envuelven al niño en un mundo de experiencias y sensaciones. ¿Y cómo asentamos lo aprendido? Reflexionar sobre ello es una gran opción. Dado que un niño no estará por la labor de hacer una charla TED sobre el día en el campo, hagamos un diario, un álbum de fotos, un collage, dibujemos los animales que hemos visto, pintemos sus pelajes o busquemos información sobre ellos. ¡Apostemos por el contacto con la naturaleza durante el verano!

Como siempre, recordamos que cada niño es diferente y variar las actividades permitirá descubrir aquellas en las que su participación y estimulación es mayor. El verano es un tiempo idóneo para crear recuerdos y vivir experiencias, crear y compartir recuerdos. Y tú, ¿cómo y dónde pasaste los mejores veranos de tu infancia? ¡Te leemos!

 

 

 

 

 

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